Saludos cordiales estimados hermanos y colaboradores:
Quiero saludarlos hoy a todos los que hacemos parte de nuestra Casa Hospital, y creo que el Día de Sanidad es un buen momento para mirarnos entre nosotros y mirarnos a nosotros mismos, y reflexionar sobre las necesidades sanitarias de la comunidad y las nuestras como comunidad hospitalaria.
Francisco tenía una imagen que resume esto mejor que cualquier intento de creatividad o elocuencia de mi parte. Él habla de una “Iglesia en salida”, y lo decía con una frase que se volvió célebre: “prefiero una Iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle, antes que una Iglesia enferma por el encierro y la comodidad de aferrarse a las propias seguridades”. No hablaba solo de un gesto: hablaba de una institución que no se cierra sobre sí misma. Trasladado a nosotros, eso es la apertura de este hospital a la comunidad que lo rodea: no ser una institución que solo atiende bien puertas adentro, sino una que también sale, que se vincula con los barrios, con las escuelas, con las familias, antes de que se conviertan en pacientes.
Y en todo esto hay algo que no podemos perder nunca de vista: el destino de nuestras acciones, nuestro propósito, el porqué de lo que hacemos. Cada uno de nosotros, cuando eligió trabajar en sanidad, tenía una razón. Esa razón es la brújula que tiene que seguir orientando cada decisión, cada gestión, cada respuesta que le demos a la comunidad.
Para pensar esa reflexión, el propio Francisco, en la exhortación Evangelii Gaudium, nos dejó un marco de cuatro principios que pensó para la vida de la Iglesia, pero que describen, casi palabra por palabra, lo que debería ser el liderazgo en una institución misional como la nuestra.
Los cuatro principios
El primero: la realidad es superior a la idea. Los hechos concretos valen más que cualquier teoría o discurso vacío: ningún protocolo, por bien escrito que esté, reemplaza la atención real a lo que les está pasando a nuestros pacientes. En la práctica, esto significa reportar lo que efectivamente ocurrió, aunque incomode, y tomar decisiones mirando a nuestros pacientes y no solo la planilla.
El segundo: el todo es superior a las partes. La salud de un paciente no la produce una especialidad: la produce el todo, y lo que convierte a esas partes en un todo es el propósito que compartimos. En la práctica, esto significa pensar cada decisión en función de cómo impacta en el circuito completo del paciente. Por eso este día es de todos los que hacen posible que la institución funcione, no solo de una profesión.
El tercero: la unidad prevalece sobre el conflicto. Francisco explicaba esto con la imagen del poliedro: una figura donde cada cara conserva su forma propia, pero solo tiene sentido dentro del conjunto. La diversidad de turnos, de especialidades, de formas de pensar no es un obstáculo para la unidad: es, precisamente, lo que la hace real. Una unidad que borra las diferencias no es unidad, es uniformidad, y la uniformidad no construye equipos fuertes.
Y el cuarto: el tiempo es superior al espacio. Hay que enfocarse en iniciar procesos largos y sembrar para el futuro, sin obsesionarse con resultados inmediatos. En la práctica, esto significa sostener los programas de mejora —una ronda de seguridad, un checklist, una auditoría de proceso— más allá del primer mes en que los resultados todavía no se ven, en lugar de abandonarlos porque no dieron un cambio inmediato.
Las claves prácticas.
A estos cuatro principios, Francisco los sostenía con tres actitudes muy concretas.
Humildad y ejemplo: liderar desde la coherencia y la sencillez, no desde el privilegio. En la práctica, es que quien conduce un servicio cumpla el mismo protocolo que le pide a su equipo, y reconozca en público un error propio cuando corresponde.
Cercanía: Francisco lo llamaba ser un “pastor con olor a oveja”: el que no dirige desde la distancia, sino desde el contacto real con la gente. En la práctica, son los dos minutos reales que le dedicamos a preguntarle cómo está, a un paciente o a un colega, antes de seguir con lo urgente.
Inclusión: abrir el diálogo y priorizar la integración de todos, sin excluir a nadie. En la práctica, es que ninguna decisión sobre un proceso se tome sin el sector que después lo tiene que ejecutar en la cabecera del paciente.
Realidad: el todo, unidad y tiempo; humildad, cercanía e inclusión para sostenerlos. Son ideas simples, pero alcanzan para explicar por qué elegimos, cada uno desde su lugar, trabajar en sanidad.
Y como moraleja, recordar siempre que la brújula se inventó antes que el reloj, porque la dirección siempre fue más importante que el tiempo. Lo vital es saber hacia dónde vamos, más que cuánto tardamos en llegar. Que la nuestra, la de esta comunidad hospitalaria, siga siendo siempre la del servicio, la cercanía y el encuentro.
¡Feliz Día de la Sanidad para todos!
Dr. Diego Porto
Director Médico
Casa Hospital San Juan de Dios
Ramos Mejía | Castelar – Argentina



