llamados a caminar
Entre el 25 de mayo y el 2 de junio, el Hno. Pascal Ahodegnon, OH., Superior General de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios, realizó una visita fraterna a diversas obras de Colombia y Ecuador, acompañado por el Hno. Dairon Meneses, OH., Secretario General de la Orden. Esta experiencia constituyó una valiosa oportunidad para encontrarse con la vida, los rostros y las historias que dan sentido a la misión hospitalaria en la Provincia de América Latina y El Caribe.
Durante estos días, visitó la Clínica San Juan de Dios y la Escuela de Enfermería de La Ceja, la Clínica San Juan de Dios de Manizales, la Clínica Nuestra Señora de la Paz en Bogotá, el Centro de Proyección Social San Benito Menni de Soacha, el Colegio Bilingüe San Juan de Dios y la Escuela de Enfermería San Rafael de Bogotá. En Ecuador, la visita incluyó el Albergue San Juan de Dios y el Hospital Especializado San Juan de Dios de Quito.
Cada una de estas obras expresa, desde su propia realidad, la riqueza y diversidad del carisma hospitalario. La atención en salud mental, la educación, la formación de profesionales, la proyección social y el acompañamiento a niños, jóvenes, adultos y personas mayores revelan distintas formas de hacer presente la Hospitalidad allí donde las personas más lo necesitan.
En cada encuentro, el Hno. Pascal pudo compartir con hermanos, colaboradores, voluntarios y, de un modo particular, con quienes son la razón de ser de nuestra misión: las personas atendidas en nuestras obras.
Uno de los mensajes que resonó con especial fuerza estuvo dirigido a los niños y jóvenes. En diversas oportunidades, les recordó que ellos no son solamente el futuro de la sociedad, sino también su presente. Los animó a confiar en sus capacidades, a dejarse acompañar por quienes caminan junto a ellos y a descubrir que el cuidado, el afecto y la Hospitalidad pueden convertirse en una base sólida para afrontar las dificultades de la vida y desarrollar plenamente sus talentos.
A lo largo de la visita, emergieron palabras que tocaron profundamente el corazón de las comunidades. El Hno. Pascal invitó a dejar de lado la indiferencia, a construir en cada centro una comunidad más humana y a mantener siempre una mirada atenta hacia quienes corren el riesgo de quedar excluidos. Recordó la importancia de visibilizar a quienes muchas veces permanecen invisibles, de llevar esperanza a quienes sufren y de seguir creando espacios donde cada persona pueda experimentar dignidad, acogida y oportunidades para crecer.
En el Albergue San Juan de Dios de Quito, destacó especialmente el profundo valor carismático y de servicio de esta obra, señalando que su misión guarda una estrecha relación con aquella que San Juan de Dios realizó en los orígenes de la Orden: salir al encuentro de las personas más vulnerables, acogerlas y ofrecerles un lugar donde puedan recuperar la esperanza, reconstruir vínculos y volver a creer en la posibilidad de un futuro mejor.
Con la claridad que caracteriza sus intervenciones, el Hno. Pascal recordó que la Hospitalidad es una tarea compartida. “Hoy todos somos San Juan de Dios”, expresó, invitando a hermanos y colaboradores a reconocerse como protagonistas y continuadores de una misma misión, que exige creatividad, innovación y la capacidad de trabajar juntos para responder a las nuevas formas de vulnerabilidad presentes en nuestro tiempo.
Sus palabras dejaron una convicción profunda: las obras de la Orden no pertenecen únicamente a quienes hoy las animan y sostienen. Son, ante todo, obra de Dios y obra de San Juan de Dios, confiadas a nuestras manos para que continúen siendo signo de compasión, cuidado y esperanza para miles de personas.
Al concluir esta visita fraterna, permanece un profundo sentimiento de gratitud por la cercanía, la escucha y el testimonio compartido por el Hno. Pascal. Permanece también una invitación renovada: continuar transformando la sociedad en un mundo cambiante desde la Hospitalidad, trabajando juntos, haciendo visible a quien permanece invisible y llevando vida, esperanza y dignidad allí donde existe sufrimiento.
La misión continúa viva cada vez que una persona se siente acogida, acompañada y amada según el espíritu de San Juan de Dios.
Con la claridad que caracteriza sus intervenciones, el Hno. Pascal recordó que la Hospitalidad es una tarea compartida. “Hoy todos somos San Juan de Dios”, expresó, invitando a hermanos y colaboradores a reconocerse como protagonistas y continuadores de una misma misión, que exige creatividad, innovación y la capacidad de trabajar juntos para responder a las nuevas formas de vulnerabilidad presentes en nuestro tiempo.
Sus palabras dejaron una convicción profunda: las obras de la Orden no pertenecen únicamente a quienes hoy las animan y sostienen. Son, ante todo, obra de Dios y obra de San Juan de Dios, confiadas a nuestras manos para que continúen siendo signo de compasión, cuidado y esperanza para miles de personas.
Al concluir esta visita fraterna, permanece un profundo sentimiento de gratitud por la cercanía, la escucha y el testimonio compartido por el Hno. Pascal. Permanece también una invitación renovada: continuar transformando la sociedad en un mundo cambiante desde la Hospitalidad, trabajando juntos, haciendo visible a quien permanece invisible y llevando vida, esperanza y dignidad allí donde existe sufrimiento.
La misión continúa viva cada vez que una persona se siente acogida, acompañada y amada según el espíritu de San Juan de Dios.














