Como Orden Hospitalaria de San Juan de Dios, vivimos con profunda gratitud y emoción la Primera Profesión de nuestros hermanos Fray Yoni Alexander Alvarado Méndez, OH.; Fray Alberth David Castro Herrera, OH. y Fray Byron Díaz Chavarría, OH. celebrada en la Clínica Nuestra Señora de la Paz. Este acontecimiento trasciende lo ceremonial y se convierte en un testimonio vivo de fe, vocación y amor entregado al servicio de los más vulnerables.
La Primera Profesión expresa el “sí” libre y consciente, a una vida consagrada plenamente a Dios y a los demás. Es el momento en que la vocación se afianza, el camino se confirma y el corazón se dispone sin reservas a vivir los votos como encarnación concreta del Evangelio. En la espiritualidad que nos inspira, resuena con fuerza aquella experiencia fundante de nuestro Santo Padre: “Tan pobres y maltratados los vi que me quebraron el corazón”, una frase que hoy se hace vida en cada uno de estos hermanos, cuya historia vocacional ha sido marcada por la compasión, la cercanía y la misericordia.
En Fray Yoni Alexander Alvarado Méndez, OH. reconocemos un caminar sostenido en la escucha atenta y el acompañamiento fraterno. Su vocación se ha forjado en la sencillez, en la constancia silenciosa y en la convicción profunda de que servir es una forma auténtica de amar. Su Profesión es signo de madurez espiritual y de un compromiso que se renueva cada día en el encuentro con quienes más necesitan esperanza, consuelo y dignidad.
Por su parte, Fray Alberth David Castro Herrera, OH. encarna una vocación que se expresa en la cercanía humana y en la entrega generosa. Su testimonio revela un corazón dispuesto a cargar con el dolor del otro, a caminar junto a quienes atraviesan momentos de fragilidad y a hacer del servicio una verdadera misión de vida. Su Profesión refleja una fe serena, arraigada y profundamente comprometida con el bien común.
Asimismo, la Profesión de Fray Byron Díaz Chavarría, OH. nos recuerda que la vocación es un llamado que se vive con alegría, responsabilidad y coherencia. Su recorrido ha estado marcado por una especial sensibilidad frente al sufrimiento humano y por una entrega constante que se traduce en gestos concretos de cuidado, acompañamiento y respeto por la dignidad de cada persona. Hoy, su compromiso y entrega fortalece a la comunidad y renueva nuestra misión institucional.
Como Orden, reconocemos en estos tres hermanos no solo una consagración religiosa, sino un signo esperanzador del carisma que nos identifica: la hospitalidad vivida con compasión, solidaridad y compromiso inquebrantable con el cuidado integral de la vida, especialmente en el ámbito de la salud mental.
Elevamos una sincera acción de gracias por sus vidas, por su entrega y por el testimonio que hoy ofrecen a nuestra comunidad y a la sociedad. Que su camino continúe siendo fuente de esperanza, consuelo y paz para todos aquellos que encuentren en ellos una mano extendida y un corazón dispuesto a servir.

























